Memorias de una Guerrera: «Ansiedad que me despojas de toda esperanza»

Memorias de una Guerrera”  es un apartado de mi Blog dónde podréis encontrar relatos sobre las andanzas por la vida de La Guerrera. Un personaje con el que espero que muchos de vosotr@s os sintáis identificad@s.

Nuestra pequeña y gran protagonista compartirá con nosotros sus problemas, sus inquietudes sobre la vida, sus victorias y derrotas, en definitiva, todas las aventuras vividas a lo largo de su camino. Un camino que esperemos, sea largo.


Ella llevaba ya un tiempo inquieta, nerviosa. Una sensación de que las cosas no iban bien comenzaba a invadir su espíritu.  Sin pretenderlo, las noches acaban de convertirse en su enemigo más temido.

Nuestra Guerrera se había enfrentado a innumerables retos a lo largo de su camino, pero pocos serían como éste. Por primera vez, la Guerrera sintió que perdía el control sobre sí misma. Como si no fuera Ella, como si algo que desconocía se hubiese apoderado de su voluntad, cegando cualquier indicio de raciocinio y dejando su alma en la más absoluta penumbra.

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Preocupaciones excesivas y Emociones Negativas abordaban constantemente a la Guerrera. Tanto, que a veces se hacía imposible respirar con normalidad. Cada bocanada de aire, hacía más costosa aún la siguiente. El corazón de la Guerrera parecía un caballo desbocado, fuera de control. En ese momento, algo horrible parecía estar apunto de ocurrirle. Una amenaza, valorada como inminente y real, se cernía sobre la Guerrera. Ante sí, un mundo que se hundía bajo sus pies, unido a una sensación de desamparo. Sin olvidar, claro está, al personaje principal en toda esta historia, El Miedo.

«El Miedo deja paso a la Ansiedad cuando  provoca sufrimiento durante un tiempo prolongado, impidiendo llevar una vida normal».

Cada vez que El Miedo aparecía, traía tras de sí una inmensa oscuridad que arrasaba todo a su paso. Cuanto menores eran los obstáculos que El Miedo encontraba para llegar hasta la Guerrera, más tiempo decidía quedarse junto a ella. Haciendo así, que el camino de la Guerra fuera cada vez más oscuro y hostil. Apagando hasta el último rayo de Esperanza. Aunque El Miedo no se permanecía ahí únicamente por lo fácil que le resultaba entrar, sino también, por los motivos que tenía para quedarse en un lugar dónde disponía de alimento para ser cada vez más fuerte y poderoso. Tristeza, Inseguridad o Desesperanza, eran algunos de sus platos favoritos. Algo que al parecer, se servía día a día en el hogar de La Guerrera. 

«Oscuridad durante el día, pero más aún al caer la noche. Cuando dormir se convertía en un sueño lejano y en caso de conseguir dormir, despertar de ese sueño, suponía toda una pesadilla»

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Oscuridad durante el día, pero más aún al caer la noche. Cuando la posibilidad de dormir se convertía en un sueño lejano y en caso de conseguirlo, despertar de ese sueño, suponía toda una pesadilla. La pesadilla que sufría La Guerrera cada vez que la realidad se abalanzaba sobre ella, asfixiando su espíritu. Entonces, cuando cerrar los ojos en un intento desesperado por desaparecer, parecía mejor opción que salir al Mundo, llegaban las lágrimas, la impotencia y el dolor. 

Pero sucumbir a todo eso, no era una opción y La Guerrera lo sabía. Ni El Miedo, ni sus mejores aliados, llevarían a nuestra Guerrera a renunciar a la lucha. Quizás esto supondría un alto temporal en el camino mientras se aprovisionaba de fuerzas para salir adelante. Pues Ella bien sabía que la única forma de vencer a un enemigo, era enfrentarse a él. Para ello tenía que estar preparada, pues una batalla a destiempo, podría suponer alargar la lucha y de este modo, el sufrimiento. Entereza y paciencia, necesitaba ahora la Guerrera, para llegar a entender que, el dolor, también formaba parte de la vida. 

Tenía que creer que, aunque pareciese imposible, más tarde o más temprano, todo acabaría.  Y entonces volvería La Luz y con ella, la Esperanza. Tenía que creer que sonreír, dormir o respirar, volverían a ser tareas fáciles de llevar a cabo. Porque si perdía la fe, si se dejaba arrastrar por el miedo, todo a su alrededor se desvanecía de golpe. 

Superada la Batalla, La Guerrera se dio cuenta de que algo había crecido en su interior. Una Fuerza de la que antes carecía, unas habilidades para la lucha que harían de su camino un terreno nuevo, diferente. Pero, curiosamente, por el que resultaría algo más sencillo seguir caminando. Más que incluso antes de que la batalla tuviese lugar. 

No convenía bajar la guardia, pues era seguro que El Miedo podía regresar. Pero bien es cierto, que de hacerlo, La Guerrera había aprendido algo más sobre Él. Aunque, quién sabe, pues El Miedo tiene muchas caras. Caras, que nuestra Guerrera aún desconoce.

«La Ansiedad puede hacernos perder el control, puede despojarnos de toda esperanza. Pero la única forma de hacerla desaparecer, es enfrentarse a ella, a aquello que la provoca, a esos miedos que nos impiden seguir construyendo nuestro día a día de forma sana. Darle la espalda o renunciar a la lucha, no es más que una forma de aceptar al Miedo como compañero de vida. No es más que una forma, de renunciar a nuestra Felicidad».


Psicóloga Ainoha Orenes, Cv 11.906

El Desván de la Psicología

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