“Memorias de una Guerrera” es un apartado de mi Blog dónde podréis encontrar relatos sobre las andanzas por la vida de La Guerrera. Un personaje con el que espero que muchos de vosotr@s os sintáis identificad@s.
Nuestra pequeña y gran protagonista compartirá con nosotros sus problemas, sus inquietudes sobre la vida, sus victorias y derrotas, en definitiva, todas las aventuras vividas a lo largo de su camino. Un camino que esperemos, sea largo.
Y de repente ocurre algo que hace que te preguntes cómo habría sido tu vida si las cosas hubieran sucedido de otra manera.
La Guerrera sabía que su vida era en cada momento el resultado de una serie de decisiones que, impuestas o no, Ella había tomado. Sin embargo, no dejaba de preguntarse a dónde le habrían llevado los otros caminos, aquellos caminos que decidió no escoger. Fue entonces cuando se descubrió a sí misma fantaseando con la que podría haber sido su otro «yo».
La vida va pasando y con ello una marea de gente. Unos se quedan, otros simplemente se van.
La vida va pasando y con ello una marea de gente. Unos se quedan, otros simplemente se van. La Guerrera se daba cuenta de que sobraban dedos con los que contar. Porque de los que se quedaron, pocos eran y estaban de verdad.
Todo aquello que vivimos deja huella y las personas dejan un rastro a su paso. En algunos casos, Ella sabía que había rastros que ni si quiera el tiempo podría borrar. Personas que se habían ido de su vida dejando un vacío, que ni siquiera los recuerdos podrían llenar. Estas personas, dejaron marcas en La Guerrera que ahora forman parte de quién Ella es, como una cicatriz tras la batalla.
Es imposible estar contento con todo lo vivido. Por mucho que aceptemos la vida tal y como es, sabemos que siempre quedará algo por hacer, al igual que siempre habrá algo que nunca debía haber sido. Cuando nos dejamos llevar por los » Y si…», entramos en un círculo peligroso que se debe saber gestionar. Una vez ahí, es difícil diferenciar lo racional de lo que no lo es. Un torrente de emociones te invade, impidiéndote ver con claridad. Te dejas llevar por las dudas y arrastrar por la Culpa. Te dices a ti mismo que debes parar, pero algo te lo impide. La cabeza te da vueltas: «¿Y si no actué como debía?», «¿Y si me equivoqué?», «Fue culpa mia»,»Ojalá lo hubiera hecho de otra forma»…
La Guerrera sabía bien dónde se estaba metiendo, pues no era la primera vez que se enfrentaba ante el Fantasma de la Culpa. Era como una fuerza que te impulsa hacia el fondo, que lastra tu alma, impidiéndote avanzar. Pero a pesar de ello, andaba algo perdida. ¿Qué debía hacer? Se había visto obligada a renunciar a muchas cosas de su vida que una vez consideró importantes. Le preocupaba haberse equivocado, e incluso en ocasiones, se sentía mal por ello.
Dada la encrucijada en la que se encontraba, sólo le quedaba una opción, consultarle a la Experiencia. La Guerrera había hecho uso de la Experiencia en muchas ocasiones. Pero esta vez, no sería su Experiencia la que la guiaría en su Camino, sino la de alguien que sabría qué decirle exactamente, alguien totalmente ajeno a su lucha, alguien que ya hubiera librado esta batalla, pues Ella bien sabía que no era la única Guerrera en el Mundo.
Sabía que no sería fácil, pues todos sucumbimos ante lo tentadora que puede resultar la nostalgia, olvidándonos por un momento, de los motivos por los cuales tomamos las decisiones que tomamos. A veces eso supone renunciar a tus deseos más inmediatos, con la esperanza de lograr un futuro aún mejor. Y entonces se dio cuenta de que, para avanzar, debía dejar de culparse a sí misma o de culpar a la piedra que la hizo tropezar. Si quería salir airosa de la batalla, debía responsabilizarse de sus propios actos, aceptando lo sucedido y aprendiendo de lo vivido.
A veces eso supone renunciar a tus deseos más inmediatos, con la esperanza de lograr un futuro aún mejor